Las primeras acciones del día resultaron ser levantarme a las 8 de la mañana, darme una ducha en el hostel (utilizando un gel y un champú que algún despistado se había dejado por ahíí) y desayunar en Donkin Doughnuts, para variar. Entonces ya me encontraba a dos manzanas del metro, en el cual tuve que comprar otro 1 Day Fun-Pass. Una vez metido todo el dinero, la máquina me sacó el ticket, pero en una fracción de segundo se lo volvió a tragar, dándome solamente un recibo que ponía “Transaction Failed”. Pero me cago en la leche, me sonó a puteo total. Tras golpear la máquina en la pantalla (creo que es donde más le duele) me fui junto al policía que estaba de guardia en ese momento a contarle lo sucedido. Cuando terminé de contarle mi historia, me extendió un sobre que según el, una vez rellenados los formularios que contenía, compulsado y enviado al gobierno estatal de New York, en un plazo máximo de dos semanas me enviarían el dinero perdido a casa. Para mi persona, eso fue el segundo puteo del día en menos de diez minutos; no sabía ni donde demonios estaba el maldito gobierno de New York, no iba a estar dos semanas más en Estados Unidos y no me gusta la maldita burocracia: tiré el sobre a la papelera rosmando entre dientes.

El destino del metro sería Central Park, enormísimo parque urbano público, (3.41 km², un rectángulo de 4 km x 800 m) situado en el barrio de Manhattan, en la ciudad de Nueva York. Con unos 25 millones de visitantes al año, Central Park es el parque más visitado de los Estados Unidos, y es dirigido por Central Park Conservancy, una empresa privada sin ánimo de lucro, que tiene un contrato con el Departamento de Parques y Ocio de Nueva York. Es sencillamente inrrecorrible en un día, tiene multitud de lagos, praderas, caminos serpenteantes e infinitud de caminos y rincones para explorar. Central Park es un lugar igualatorio, donde se juntan los ricos y los pobres, donde la gente lee, juega al baseball u otro deporte, simplemente se tumba, pasea a sus perros, corre, anda en bicicleta, o, en caso de ser un artista, convierten el parque en el lugar preferido de sus actuaciones. Todas las semanas hay actuaciones públicas de teatro de Shakespeare y no habrá día en el cual Central Park no sea el centro de reunión para una increíble variedad de espectáculos o actividades gratuitas. Es el mayor pulmón de New York, el reducto de naturaleza y paz que todo neoyorkino necesita para escapar del caos de la ciudad. Me resulto particularmente impresionante la existencia de este terreno sin explotar en pleno medio de Manhattan, el cual sería una fuente increíble de dinero para la industria de la construcción. Es lo que se llama orgullo americano.

Tras tumbarme por aquí y por allá me dirigí a Battery Park, el extremo sur de Manhattan. En el hay poco que ver, pero es el lugar por antonomasia desde donde se toman los ferrys para ir tanto a State Island como a la Estatua de la Libertad. En cuanto a los distintos ferrys, hay tres opciones. La primera, el ferry que lleva directamente a la Estatua de la Libertad, sin rodeos; cuesta 16$ y desde la estatua es gratuito cada media hora. La segunda, un tour de una hora en un ferry que da una vuelta completa al puerto y se acerca a la estatua, con un precio de 15$. Por último y tercera, existe el Staten Island Ferry, que lleva a la State Island pasando muy cerca de la Estatua de la Libertad y vuelve también cada media hora. Este último ferry, tanto ida como vuelta, es gratuito, y a diferencia de los otros dos (que parten desde el puerto, al ser empresas privadas) se coge en la estación del puerto de Battery Park. Recomiendo la tercera opción, ya que la corona y la antorcha no son accesibles desde el 11S y solo se puede subir a la base, las colas son inmensas (de 3 o 4 horas) y es tan grande que no se puede ver desde el propio pedestal. Las vistas que ofrece el ferry gratuito (Harbor Cruise) son simplemente perfectas, tanto de la estatua como de Manhattan, no tiene tantas colas, y como dije, es gratuito.

La isla de Staten Island no tiene mucho que ver, me di una vuelta de cinco minutos más por esperar por el siguiente ferry que por otra cosa. Tiene buenas vistas de New York y es tranquila, algo así como un reducto de escape de la gran manzana.

De vuelta a Manhattan, visité el City Hall, es decir, la zona de la ciudad donde están todos los edificios que tienen que ver con la administración del lugar, como el ayuntamiento y otros edificios gubernamentales, es decir, donde el poder legislativo, ejecutivo y jurídico de la ciudad se centra. Destaca el juzgado de United States Court House, por su importancia en el terreno jurídico y la importancia arquitectónica del edificio y los que lo rodea, aunque, una vez más, no está abierto al público. Nos volvemos a encontrar de nuevo ante una arquitectura totalmente clásica sumida en el medio de la modernidad de los rascacielos de la gran manzana. Es un contraste curioso, pero en New York es excesivo: los rascacielos son tan altos y tan abundantes, que a veces parece que uno está metido en una “gran jaula” dada la sensación de cobertura que dan las macroestructuras. En las zonas donde los grandes edificios son más abundantes, la luz y la temperatura disminuyen, la sombra es total y la mayoría de las veces ni siquiera se puede ver el sol aunque se intente buscarlo. Aunque no es agobiante, resulta curioso que aunque pegaban 40 insoportables grados, en algunas zonas de la ciudad hacía fresco por esta razón.

Después de visitar el City Hall, empecé con los distintos barrios de New York, empezando por TriBeCa. TriBeCa es un barrio de Manhattan. El nombre viene del inglés “Triangle Below Canal Street” (Triángulo bajo la calle Canal). Va desde el sur de Canal Street hasta Park Place, y desde el este del río Hudson hasta Broadway. TriBeCa era un distrito industrial, dominado por estructuras de almacenes de materiales, que durante la última década ha pasado por una mayor revitalización. Muchos almacenes y desvanes se han convertido en departamentos y en nuevos negocios que han hecho emerger este vecindario como una comunidad más que un barrio industrial. TriBeCa es ahora un barrio de moda con cada vez más habitantes. Muchas de las calles están llenas de tiendas, galerías de arte, bares y restauranes.

Al norte de TriBeCa se encuentra Little Italy, el pueblo italiano siempre presente en las grandes ciudades. Como cabía esperar, éste estaba lleno de gente, las calles son mayoritarimente peatonales, y se repira un ambiente europeo gracias a la cantidad de restaurantes italianos y orgullosas banderas que hay en las calles. Little Italy, aunque ruidosa como Manhattan, destaca por tener otro sonido, un ruido carente de pitidos de coches donde la gente grita más y tanto el ritmo de los comercios como de los restaurantes es, aunque menos frenético, animado. Es un buen lugar para escapar de la comida americana y comer un buen plato de pasta, o simplemente para estar en un lugar concurrido donde la gente disfruta paseando y no va corriendo a todas partes, todo esto con un ambiente festivo muy mediterráneo.

Si seguimos subiendo, el siguiente vecindario es el SoHo, barrio que se hizo famoso como un vecindario de artistas durante los años 1960 y 1970, cuando los espacios eran baratos debido a que las antiguas fábricas eran convertidas en lofts y estudios. En un patrón que se volvería familiar a otras partes de la ciudad en las siguientes décadas, el barrio subió de escala socioeconómica, lo que llevó finalmente a un éxodo de la mayoría de artistas, dejando únicamente las galerías, las boutiques, los restaurantes exclusivos y, como nuevos inquilinos, a los yuppies. Se llama SoHo porque es la zona que esta “South of Houston Street” (al sur de la calle Houston), y en referencia a la zona del mismo nombre de la ciudad de Londres.

Si seguimos con nuestro itinerario lógico sur a norte, Greenwich Village es el siguiente barrio que nos encontraremos. Destaca por ser el barrio en el cual se encuentra la New York University (NYU) y la genial ambientada Washington Square. Lo más destacable de Washington Square es que es el sitio elegido por muchos artistas para cantar gospel, tocar la guitarra, el bajo, o simplemente reunirse personas que saben tocar instrumentos e improvisar algo (que suena genial la mayoría de las veces). Es también curiosa la conjunción que se forma con la fuente centrar, el gran arco de Washington (que se parece al Arco del Triunfo o La Puerta de Alcalá), los diversos artistas actuando y los edificios de la universidad envolviendo todo este ambiente. El barrio está rodeado por la calle Broadway al este, el río Hudson al oeste, la calle Houston al sur y la calle 14 al norte. En 1822, una epidemia de fiebre amarilla en Nueva York hizo que los residentes se mudaran a Greenwich Village en busca de su mejor aire y fue conocida como un bastión de cultura artística y bohemia. En Greenwich Village se encuentran la calle Christopher y la posada Stonewall, donde se llevaron a cabo los disturbos de Stonewall en 1969, que dieron inicio al movimiento de liberación gay.

Por último, lindando con Manhattan al sur y con The Bronx al norte, se encuentra la meca de la comunidad negra en Estados Unidos, Harlem. Más o menos a la altura de las calle 100, en el metro fueron entrando y saliendo personas hasta que me convertí en el último blanco de todo el vagón. Al contrario que en Roxbury en Boston, no me encontré con ninguna mirada rara, sino más bien bromas con la gente de allí y alguna cara escéptica un tanto graciosa. Harlem tiene su propia banda sonora gracias a la gente que lleva grandes radiocasttes encima con hip-hop o R and B, o simplemente teniendo los coches abiertos con la música a todo volumen. Gente bailando, tenderetes vendiendo líquidos extraños y sobre todo ritmo, mucho ritmo, tal y como la gente negra suele tener (y no, gente negra no es políticamente incorrecto, intolerantes). Recomiendo visitar el barrio de Harlem, aunque mejor de día, ya que de noche tengo entendido que tanto Harlem como The Bronx no son tan amigables. Los primeros hombres de etnia negra en llegar a Harlem lo hicieron a inicios del siglo XX habiéndose cuadruplicado en 1919. En los años 20, Harlem fue el centro del florecimiento de una cultura negra conocida como el Renacimiento de Harlem, que fue un tiempo de producciones artísticas como el jazz, cuyos espectáculos, irónicamente, eran sólo para gente blanca. Aunque no todos… ¿Quien no reconoce este tipo de foto?

Volviendo al sur para no olvidar nada, y después de ir un poco de compras por Times Square (por supuesto me compré la taza de I Love NY) me dirigí como último destino al Puente de Brooklyn, ya de noche, que según la Wikipedia viene siendo, muy bien explicado:

El Puente de Brooklyn (conocido inicialmente como “Puente de Nueva York y Brooklyn”) une los barrios de Manhattan y Brooklyn en la ciudad de Nueva York. Fue construido entre 1870 y 1883 y, en el momento de su inauguración era el puente colgante más grande del mundo (mide 1825 metros de largo, y la luz entre pilas es de 486.3 metros, record de luz hasta que en 1889 se construye el Forth Bridge, con una luz máxima de 521m. También fue el primero suspendido mediante cables de acero. Desde entonces, se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de Nueva York.

En definitiva, el Puente de Brooklyn es un sitio fantástico para sacar fotos, ya que su posición elevada ofrece una vista privilegiada de Manhattan, sobre todo de noche. El puente en sí tambíén es precioso, y según mi opinión cruzarlo es obligatorio si se visita New York, siendo una experiencia única en la que se mezcla sentirse neoyorkino y una gran despedida de la ciudad. El puente conecta Manhattan con Brooklyn, está siempre lleno de gente andando, corriendo o en bici y es genial para darse un paseo por la mañana o por la noche. Brooklyn en sí, es el barrio de moda de New York, algo así como un mini-Manhattan compacto donde se pueden suplir todas las necesidades sin sumergirse en el caos de la gran manzana. Es un buen borough, una forma única de gobierno que se utiliza para administrar los cinco condados que componen la ciudad. En New York existen cinco: The Bronx, Staten Island, Manhattan, Brooklyn y Queens.

Una vez cruzado el puente como despedida, tomé el metro para dirigirme a Canal St. Station donde, a las once de la noche, otro bus-avión-chino Fung Wah Bus me esperaba para abandonar (con pena) New York City tras dos días de visita sin descanso.

Sumario de sitios visitados

Día 1:

The Bronx
Chinatown
Times Square
Rockefeller Center
Radio City Music Hall
5th Avenue
St. Patrick’s Church
Chrysler Building
United Nations
Grand Terminal
Trinity Church
Wall Street
Stock Exchange
Federal Hall
Charging Bull
Ground Zero
Empire State Building
Jazz in the City Hostel

Día 2:

Central Park
Battery Park
Harbour Cruise
Statue of Liberty
State Island
City Hall
United States Court house
Tribeca
Little Italy
Soho
Greenwich Village
Washington Square
New York University
Harlem
Brooklyn Bridge
Brooklyn

And now, I’m shipping Up to Boston again.
Por knithx en Boston, Viajes, a August 14th, 2007

2 Responses to “Día 14: NYC II”

  1. kryser Says:

    Esto no es un blog, es una guía turística!
    Currado!

  2. ANDREA Says:

    ps yo queria ver el testimonio de 2 chavitas que se fueron a puente brooklyn y unos batos las secuestraron. una de ella murio y la otra no
    las lanzaron al puente y entonces la chavita aun no abia muerto y ella decia que su hermana habia muerto por su culpa
    ps yo lo queria ver
    ver su istoria pero ps no aparecio
    bueno adios
    att3 andrea

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