Se divisa una nueva era en el diseño web. Hemos pasado de las decadas de los 90, donde ni siqueira se podían estilar las páginas con CSS, los gifs animados, las marquesinas y las imágenes retocadas por paint a barrocos diseños basados en sitios de comunidades propulsadas por un pesado motor PHP bajo un maquillaje hecho en Photoshop. Tras unos años en los cuales hacer una página web se regía por dominar o no el uso de tablas, llegó la era de su propia y tajante prohibición, para que los elementos flotantes, div, span y demás maquetación en cascada de estilos sustituyese el código basura generado por interminables ristras de tags como font, u, i, b, &nbsp

Dentro de esta época donde xHTML y CSS forman una irrompible alianza se diferenció una batería de sitios donde se promocionaba la interacción absoluta con el usuario y el dinamismo de carga de elementos de forma selectiva gracias a AJAX, o como se diría a la vieja usanza, la propiedad XMLHttpRequest de Javascript. Aunque sería sensato proponer que nos encontramos en esta moda, algunos nos atrevemos (dígnese usted de mirar nuevos diseños como los de Minid.net o Rodrigo Galindez) a afirmar que el diseño web está de vuelta buscando aquello que solo tenía en sus mismísimos comienzos: la simplicidad y el minimalismo absoluto.

Tirando líneas generales, un sitio creado o renovado recientemente será escaso en número de imágenes, hará un trabajo intenso de tipografías (muy probablemente usando unos tamaños por encima de la media de las mismas), valorando como oro en paño el peso de cada palabra y resaltando la prioridad de los elementos que se muestran por su soledad en la pantalla y la abundancia de whitespace que los rodean.

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