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Son cada vez más los servicios que ofrecen almacenamiento de todo tipo de información online, aún más desde que se puso de moda la web 2.0, y las facilidades que supuso la interacción servidor-usuario mediante tecnología AJAX. Ya no es inusual poner subir imágenes en Fotologs, datos personales en perfiles de Bebo, la música que escuchas en Last.fm, tus amistades en MySpace, tus documentos en GoogleDocs, cualquier tipo de archivo que necesites trasladar en Box o simple y llanamente y cuando se tiene suficiente coraje, todas tus conversaciones privadas en tu cuenta de GMail. Hay incluso gente hoy en día que opta por desestimar los últimos video juegos del mercado en favor de jugar (algo inimaginable hace dos o tres años) sólamente con su navegador web a juegos como OGame, o cerrar el eMule y cancelar sus descargas para ver películas y series en streaming; estamos trasladando, poco a poco, nuestro disco duro a la red.

Más peligroso es aún cuando uno de estos servicios intenta monopolizar el mercado del almacenamiento de información en Internet. Es excusado acusar a Google de una creciente dominancia y control sobre sus usuarios, ya que desde una cuenta centralizada (un solo nombre de usuario y una sola contraseña, no especialmente difíciles de conseguir mediante ingeniería social o acceso físico al ordenador de la víctima en cuestión) se accede a una cantidad inverosímil de información la mayoría de las veces delicada. Personalmente, ya no creo que sea el hecho de que esa información sea fácilmente accesible o no mediante hackers o cualquier otro tercero, sino el simple hecho de que esa información esté online.


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Acusadamente, sobretodo en los últimos doce meses han nacido numerosos proyectos que intentan trasladar las aplicaciones del escritorio a la web, para sacar ventaja de la movilidad y facilidad de acceso que proporciona tener a mano tu información desde cualquier lugar del mundo, y más sobre todo cuando se tiene un framework programado en AJAX que te permite editarla y manipularla sin necesidad de privilegios o instalación de software en el equipo que te encuentres. Básicamente y en conclusión, no quiero que esta entrada se regurgite en un panfleto anti-redes sociales/web 2.0, si no un mero guiño a modo de advertencia sobre la cantidad de datos que se están poniendo en manos de empresas que la mayoría de las veces ni siquiera conocemos su identidad ni como es tratada la información que compartimos con ellas.

¿Que si es mejor usar Microsoft Word o Google Docs? Personalmente, creo que viene a ser lo mismo, y últimamente, por vagancia a instalar el OpenOffice en mi nueva instalación de Linux, vengo usando más el segundo ya que me parecen geniales, ya antes mencionadas, las ventajas que me ofrecen los nuevos servicios web; en casa de herrero, cuchillo de palo.